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Recuperar (o no) la ilusión

24 Novembre 2015

Adjuntamos artículo publicado en el suplemento + valor del Periódico de Cataluña el martes 24 de noviembre, donde reflexionamos sobre la próxima cita electoral.

Es probable que la proximidad entre la celebración de las elecciones generales del 20D y la llegada de sus Majestades los Reyes Magos pueda hacer confundir a más de un ciudadano el sobre de su voto con el sobre de su carta de deseos, pero en ambos casos esperará que las ilusiones depositadas en ellos lleguen a cumplirse.

Dicen que los Reyes de Oriente son muy sabios y tienen claro los regalos que pediremos aunque no escribamos la carta, por analogía (y ojalá que por sabiduría) seguro que los políticos también saben cuáles son los principales asuntos a resolver, las grandes cuestiones estructurales, sin necesidad que las repitamos una y otra vez. La gran diferencia es que mientras los Reyes harán lo posible por satisfacer nuestros deseos, porque comparten el objetivo sea cual sea el Rey preferido; los partidos políticos anteponen sus deseos particulares al objetivo común y acaban generando desilusión.

Visto así, y teniendo que elegir entre muchos posibles, los mejores regalos que podría recibir la economía española serían: abordar con amplitud de miras la imprescindible reforma del sistema educativo, analizar con la máxima urgencia y sensibilidad un mercado de trabajo que arroja cifras alarmantes, promover las circunstancias para que nuestro tejido empresarial pueda ser competitivo, y afrontar con rigor y seriedad las reformas que necesita el sector público para ser sostenible, garantizando la supervivencia del Estado del Bienestar al mismo tiempo que recauda los ingresos necesarios mediante un sistema fiscal eficaz, eficiente y equitativo.

En nuestra carta a los Reyes Magos no basta con escribir frases bonitas para agradarlos, hay que apuntar datos concretos para que tengan claro que nos referimos a nosotros. Con nuestros deseos para la economía española pasa lo mismo, hay que aportar cifras para que entiendan la importancia de recibir los regalos y la gran relación que hay entre ellos.

Hace falta reformar el sistema educativo porque tenemos una población dual, en la que un 45 por ciento de personas sólo tiene estudios obligatorios (28% de media en la UE) y un 31 por ciento de la población tiene estudios universitarios (25% de media en la UE), lo cual está generando situaciones de infracualificación en los primeros, sobrecualificación en los segundos y frustración en todos. Además, nuestras tasas de abandono son mucho mayores que las que presentan los países de nuestro entorno, más de un 24 por ciento de los jóvenes ni han completado estudios posobligatorios ni están estudiando, una tasa que dobla la media de la UE. Si como decía un experto en educación “una nación con un buen sistema educativo no fallará nunca”, es normal que a la vista de los datos nuestra economía falle tanto.

Por desgracia, en el mercado laboral tenemos muchos datos que permiten identificarnos con facilidad, según la oficina de estadística de la Unión Europea, la tasa de paro (21,6%), la tasa de paro juvenil (51,7%), la tasa de paro de larga duración (12,5%), y la tasa de temporalidad de la economía española (25%, aunque ha llegado a ser del 33%) doblan las tasas medias de la UE; ese mercado convive a su vez con una economía sumergida que supera el 20 por ciento del PIB.

Respecto al tejido empresarial, el 94 por ciento de las empresas españolas, algo más de 2.000.000 de ellas, tienen entre 1 y 9 trabajadores; y tan sólo el cinco por ciento (unas 100.000 empresas), tienen entre 10 y 49 trabajadores; esta reducida dimensión empresarial dificulta la competitividad, la generación de empleo, las mejoras del capital humano y organizativo, la captación de inversión, la innovación y la internacionalización. Facilitar y promover el crecimiento del tamaño empresarial debe ser una prioridad.

En el caso del sector público los datos tampoco nos dejan indiferentes, los niveles de gasto público (44 por ciento del PIB) no están muy alejados de la media europea (48 por ciento del PIB), pero para financiarlos disponemos de un sistema fiscal con escasa capacidad recaudatoria a pesar de que las principales figuras impositivas tienen tipos impositivos elevados en comparación con otros países. Esta distorsión es consecuencia de un sistema mal diseñado, con multitud de exenciones y/o deducciones y un elevadísimo fraude fiscal. El resultado de este panorama es triple: imposibilidad de financiar las necesidades de gasto que requiere el mantenimiento del estado del bienestar, falsa impresión que la presión fiscal de la economía española es baja, y necesidad de recurrir a un endeudamiento extraordinario que sitúa el nivel de deuda pública próximo al 100% del PIB, con un coste en el pago de intereses que en 2016 alcanzará los 33.000 millones de euros. Sin una reforma en profundidad y la misma miopía, la solución continuará siendo recortar el gasto y aumentar los impuestos (aunque en campaña electoral prometan lo contrario).

Disponer de éstos cuatro regalos y “saber jugar” bien con ellos, nos permitirá afrontar los retos que plantea la economía del conocimiento con más garantías de éxito, sería además la demostración que hemos aprendido la lección de la crisis, dejamos de pedir regalos superfluos y asumimos nuestro papel de consumidores, ciudadanos, estudiantes, profesionales, empresarios y políticos responsables.

Los Reyes Magos tienen la costumbre de dejarnos un trozo de carbón para recordarnos la importancia de la mejora continua y alimentar la esperanza que seamos mejores personas, por suerte para los políticos (y las reservas de carbón), trasladar esa tradición a las elecciones daría nuestro voto por nulo.

 

agua y carbón

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