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¿Cómo demostrar cuál es la vivienda habitual?

18 Abril 2014

A partir de 2013 desaparece la posibilidad de deducir las cantidades invertidas en la adquisición o construcción de la vivienda habitual. No obstante, se mantiene este beneficio fiscal en una serie de casos:

  • Adquisiciones de vivienda realizadas antes de 2013,
  • Construcciones de vivienda iniciadas antes de 2013 (teniendo en cuenta que la construcción debe finalizarse en el plazo de cuatro años),
  • Ampliaciones y rehabilitaciones de viviendas iniciadas antes de 2013, siempre que finalicen antes del 1 de enero de 2017.

Por ello, es muy importante estar en condiciones de justificar que la vivienda que se está deduciendo constituye la residencia habitual. Si Hacienda realizara una comprobación y no admitiera la deducción, ya no se podría aplicar ésta para las viviendas adquiridas o construidas, a partir del 2013.

Para que una vivienda sea considerada como habitual es necesario residir continuadamente en ella al menos durante tres años. Excepcionalmente, se admite un plazo inferior si concurren circunstancias que necesariamente exijan el cambio de domicilio (matrimonio, separación, traslado laboral, etc.)

La residencia continuada, que supone la utilización efectiva y con carácter permanente de la vivienda, es una cuestión de hecho que deberá poder acreditarse ante Hacienda por cualquier medio de prueba. En este sentido, deberá tenerse en cuenta lo siguiente:

  • La escritura de compraventa y de constitución de la hipoteca únicamente prueban quien es el propietario de la vivienda, pero no que se viva en ella,
  • El empadronamiento o el domicilio fiscal no son suficientes para acreditar la residencia en una determinada vivienda. Si bien estas circunstancias constituyen una presunción de la residencia, pueden no ser tenidas en cuenta por Hacienda si no concuerdan con los restantes datos de los que disponga.
  • Tampoco son válidos los certificados del administrador de fincas de la comunidad o las declaraciones juradas de los vecinos afirmando que se reside habitualmente en una determinada vivienda, ya que se trata de documentos privados que no surten efectos ante Hacienda.

Para determinar cuál es la vivienda en la que reside efectivamente, Hacienda examinará aspectos tales como:

  • los consumos de electricidad, agua y gas. Si son muy escasos pueden indicar que la vivienda no está habitada; si están distribuidos irregularmente a lo largo del año y son más elevados en períodos vacacionales, seguramente estaremos ante una segunda residencia (No son factores de penalización el vivir sólo o pasar todo el día fuera de casa. Los consumos originados por el frigorífico, la calefacción, la ducha, etc., y el carácter estable de los mismos serán suficientes para acreditar que se habita en la vivienda con carácter permanente).
  • la existencia de una línea de telefonía fija con conexión a internet, que actualmente casi nadie instala en una vivienda si no es su residencia habitual.
  • la vivienda designada como domicilio a efectos de notificaciones de bancos, aseguradoras, administraciones de fincas, entidades públicas, etc.
  • la coincidencia entre la vivienda declarada como residencia habitual y la declarada por el cónyuge y por los hijos que estén bajo su dependencia.
  • la congruencia entre la residencia declarada, el lugar de trabajo, el colegio de sus hijos,… Será muy difícil convencer a Hacienda de que se reside vive en una localidad situada a 200 Km de distancia del colegio en el que estudian los hijos pequeños o en el que esté ubicado el centro de trabajo.

Por tanto, si Hacienda revisa la deducción por vivienda habitual, es preciso recordar que somos nosotros los que debemos demostrar nuestra residencia en la vivienda declarada a partir de los aspectos comentados.

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